martes, 11 de febrero de 2014

La orquesta argelina El Gusto

En la década de los cincuenta una serie de músicos, integrados en diversos grupos, amenizaron las noches de la casbah de Argel tocando en bares y clubes nocturnos, o en bodas y fiestas populares celebradas en las mismas casas. Muchos de ellos se habían formado con El Anka, mítico músico argelino y director del conservatorio de Argel, creador de un estilo musical llamando chaâbi, que etimológicamente podríamos traducir como música popular y que desde luego conectaba muy bien con los gustos de las clases populares. La música chaâbi conjugaba armoniosamente raíces bereberes, influencias andalusíes y música religiosa.

El Anka llegó a fundar y dirigir toda una orquesta, que estaba integrada por muchos de los músicos que se formaron a su vera y que actuaba regularmente en la Ópera de Argel. Entre estos músicos había también algún que otro judío descendiente de los expulsados de España en 1492. Pero a principios de los sesenta, a raíz de desatarse la guerra que condujo a la independencia del país, la orquesta dejó de tocar, sus componentes se disgregaron y todo terminó. Fueron muchos los músicos que abandonaron Argel para dirigirse a otras ciudades del país o se vieron obligados a exiliarse a Francia y nunca más volvieron.




La joven cineasta Safinez Bousbia, residente en Francia pero de orígenes argelinos, se planteó el enorme reto de reunir, tras casi 50 años de haber perdido el contacto entre ellos, a todos estos músicos que habían llenado de vitalidad la casbah de Argel.
La idea surgió a raíz de unas vacaciones que Safinez pasó en Argel, su ciudad natal. Paseando un buen día por su casbah o ciudad alta, entró en una humilde tienda y compró en ella un espejito. El dueño del negocio, Mohamed el-Ferkioui, resultó ser un veterano músico que comenzó a hablarle de la música chaâbi y los gloriosos tiempos en que tocaba en la orquesta de El Anka. Safinez, que pertenece a otra generación y además vive en el extranjero, no ha oido nunca hablar de esta historia y súbitamente se siente fascinada por ella.

Ni corta ni perezosa, Safinez vislumbra de pronto un proyecto, reunir de nuevo a los miembros de la orquesta que siguieran vivos. No fue fácil. Unos dos años de esfuerzos le costó hacerlo. El lugar elegido fue Marsella, donde algunos de ellos residían por entonces. Los que vivían en Argel se acercaron a Marsella en ferry y los de París en tren.
No hace falta decir que el reencuentro fue enormemente emotivo. Mustapha Tahmi, Ahmed Barnaoui, Rachid Berkani, Robert Castel, Joseph Hadjaj, René Perez, el hijo de El Anka, el propio Ferkioui y otros muchos acudieron a la llamada. Tenían tanto que contarse... Y volvieron a ensayar sus viejas canciones. Y dieron un concierto en un teatro de Marsella. A esta orquesta que formaron para la ocasión le pusieron el nombre de El Gusto, de alguna manera un tributo a España, un reconocimiento de que en España se encuentra una parte sustancial de sus raíces musicales. Y fue tal éxito que al final tuvieron que hacer una minigira. También tocaron en Paris-Bercy. Y grabaron un disco. La propia Safinez Bousbia dirigió una película o documental, titulada igualmente El Gusto, que rinde homenaje a la mítica orquesta de El Anka y a sus talentosos músicos.


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